Médico, sindicalista, secretario regional de la ISP para las Américas y miembro de la coordinación de la REBRIP Brasil, Red Brasileña para la Integración de los Pueblos, Jocelio Drummond, es firme en aseverar que “sin servicios públicos de calidad, no hay derechos humanos”. Con él conversamos sobre el cumplimiento de los derechos humanos en la región, los avances de los países en la materia y el rol de la juventud en la lucha por las reivindicaciones laborales del sector público en América Latina y El Caribe. Por Andrea Munizaga

La democracia siempre está en peligro

¿Cómo define el estado actual del cumplimiento de los derechos humanos, específicamente en lo relativo a los derechos sindicales en América Latina y el Caribe?

El panorama de los derechos laborales en la región no es positivo. Al contrario, los derechos sindicales de los trabajadores han empeorado mucho con el Covid 19. Incluso las protestas han disminuido. Las marchas, las manifestaciones, los instrumentos de presión han decaído.

Se aprecia el brutal retroceso en cuanto a los derechos laborales, aunque con algunas excepciones. Por ejemplo, en el tema de la negociación colectiva, que es el principal derecho de los trabajadores está resuelto solo en Uruguay y Argentina. Ningún otro país de América Latina y el Caribe tiene esta problemática totalmente solucionada, con una legislación que permita una negociación sindical de los trabajadores con los empleadores. Esto ha desmejorado mucho con la pandemia.

Considerando este sombrío panorama, a tu juicio ¿Está en peligro la democracia en la región?

La democracia siempre está en peligro porque estamos bajo tutela de EE.UU, un país muchísimo más fuerte desde el punto de vista económico y militar y que, cuando lo encuentra necesario, interviene en los países para que la democracia no avance de la manera que el pueblo anhela.

Estamos siempre bajo amenaza. Aun así estoy optimista, especialmente con la experiencia de Chile y de otros países, como México. Los procesos electorales que se han ido manifestando en la región nos permite estar optimistas, a pesar de que los riesgos a la democracia continúan.

¿Cuáles son los principales impedimentos para que se cumplan los derechos humanos, específicamente los derechos sindicales de los trabajadores en América Latina y el Caribe?

Para el cumplimiento de los Derechos Humanos el principal impedimento es la distribución de la riqueza. Es muy injusta la situación que existe hoy en esta materia.

Somos la región más desigual del mundo, lo que genera una pobreza descomunal, que en los últimos años ha empeorado.

Por otro lado, no se ha hecho una reforma fiscal que permita que los ricos paguen impuestos para que los pobres puedan tener derechos.

Entonces, en Derechos Humanos, lo principal en la región es la concentración de la riqueza. Y, en derechos sindicales, existe aún la mirada de que el trabajador público no es verdaderamente un trabajador. Se ve al funcionario público como un privilegiado. Esto se ha agudizado especialmente con procesos neoliberales que han presionado a las estructuras del Estado.

En este punto, durante la pandemia se mostró dla necesidad de un servicio público funcionando para atender a la población, lo que significa una posibilidad de que se valore en el futuro el trabajo de los funcionarios públicos, lo que aún no sucede.

¿Cuáles son los principales hitos que has notado de parte de las organizaciones latinoamericanas y el caribe en la lucha por reivindicar sus derechos laborales?

Hay casos positivos, como por ejemplo la ratificación del Convenio 190 sobre violencia y el acoso en el mundo del trabajo por parte de Ecuador, Uruguay y Argentina.

En segundo término, veo que existe un movimiento progresista emergente que va a incidir decisivamente en los demás movimientos de otros países de la región.

Chile nos está influenciando positivamente en la medida en que muestra que la lucha de los trabajadores, los sindicatos, la manera cómo se manifestó este proceso en las calles, ha resultado en una futura Constitución y en la elección de un gobierno progresista. Esto va a incidir positivamente en todos los países de la región.

¿Qué significa proveer servicios públicos dignos para la población?

Proveer servicios públicos dignos implica que los trabajadores públicos cuenten con condiciones laborales suficientes para proveer lo que necesita la ciudadanía. En segundo lugar, los funcionarios públicos deben contar con derechos laborales, porque es muy diferente, por ejemplo, un profesor que tiene que dar clases a 60 alumnos, a otro que debe hacerlo para 30. O un hospital en donde trabajan 150 enfermeros, a uno que trabajan 50 y que tienen que hacer el trabajo de 150.

Tener servicios de calidad implica tener recursos, contar con personal y poseer estructura adecuada para poder atender bien a la población.

¿En qué sentido los servicios públicos son herramientas que garantizan derechos humanos?

Hay una relación directa. Cuando reivindico que la población más pobre tenga derecho universal a la salud, derecho a una educación de calidad, derecho a un buen servicio que provea agua, o que tenga un alcantarillado adecuado para que ésta no se contamine, estamos hablando del cumplimiento de derechos humanos.

Específicamente, la población más pobre depende totalmente del Estado para tener sus necesidades básicas resueltas. Por tanto, no hay derechos ciudadanos si no hay servicios públicos de calidad. Si no hay servicios públicos de calidad, no hay derechos humanos, especialmente para la población más pobre.

¿Qué rol les cabe a los jóvenes sindicalistas hoy en este panorama que está lleno de oscuridad, pero también de posibilidades?

Algunos dicen que son el futuro del movimiento. Yo creo que no. Son el presente del movimiento sindical.

Hoy los jóvenes constituyen la vanguardia de la acción sindical de la ISP. Se organizan, se articulan, defienden propuestas y esto hace que la ISP se ponga en acción cada vez más.

Los jóvenes cumplen un papel central. Son sus comités los que dinamizan y aceleran los procesos de cambio y de reivindicaciones dentro de la propia ISP. Son la vanguardia.