La Declaración Universal de los Derechos Humanos marca un hito en la historia de los derechos humanos. Elaborada por representantes de todo el mundo, la Declaración fue proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París, el 10 de diciembre de 1948 como un ideal común para todos los pueblos y naciones. Hoy la lucha por el cumplimiento de los Derechos Humanos, sobre todo los relativos a los derechos económicos, sociales y culturales está más vigente que nunca y el papel de la juventud en este proceso es de crucial importancia.

“¿Dónde empiezan los derechos humanos universales? En pequeños lugares, cerca de casa; en lugares tan próximos y tan pequeños que no aparecen en ningún mapa. […] Si esos derechos no significan nada en estos lugares, tampoco significan nada en ninguna otra parte. Sin una acción ciudadana coordinada para defenderlos en nuestro entorno, nuestra voluntad de progreso en el resto del mundo será en vano”.
(Eleanor Roosevelt).

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, fue el resultado de la cruda experiencia de la Segunda Guerra Mundial. Después de la Segunda Guerra Mundial y la creación de las Naciones Unidas, la comunidad internacional se comprometió a no permitir nunca más atrocidades como las sucedidas en ese conflicto.

Los líderes del mundo decidieron complementar la Carta de las Naciones Unidas con una hoja de ruta para garantizar los derechos de todas las personas en cualquier lugar y en todo momento.

La Declaración establece, por primera vez, los derechos humanos fundamentales que deben protegerse en el mundo entero y ha sido traducida a más de 500 idiomas. La DUDH es ampliamente reconocida por haber inspirado y allanado el camino para la adopción de más de setenta tratados de derechos humanos, que se aplican hoy en día de manera permanente a nivel mundial y regional.

¿Qué son los derechos económicos, sociales y culturales?

“Privar a las personas de sus derechos humanos es poner en tela de juicio su propia humanidad”. (Nelson Mandela, activista sudafricano por los derechos civiles)

Los derechos económicos, sociales y culturales buscan alcanzar la satisfacción de las necesidades básicas de las personas y el máximo nivel posible de vida digna. Por su parte, los derechos civiles y políticos son los que persiguen la protección de los seres humanos contra los abusos de autoridad del gobierno en aspectos relativos a la integridad personal, a cualquier ámbito de la libertad y a la existencia de la legalidad y garantías específicas en procedimientos administrativos y judiciales.

Ambos grupos fueron proclamados como los derechos humanos básicos y en la Conferencia Mundial de Derechos Humanos, celebrada en Viena en 1993, se estableció su universalidad, indivisibilidad, interdependencia e interrelación, así como la obligación de otorgarles el mismo peso y consideración.

El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) y su Protocolo Facultativo son los instrumentos internacionales del Sistema Universal de Protección de los Derechos Humanos de Naciones Unidas ONU) que regulan la protección de los derechos económicos, sociales y culturales.

El Pacto fue aprobado el 16 de diciembre de 1966, por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, de manera conjunta con la aprobación del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP). Ambos tratados desarrollan el contenido de la Declaración Universal de Derechos Humanos y son obligatorios para los Estados que han manifestado su consentimiento de quedar vinculados a ellos.

¿Cuál es el contenido del Pacto? Establece conforme a los principios de la Carta de la ONU- que la libertad, la justicia y la paz tienen como base el reconocimiento de la dignidad de todos los seres humanos y de sus derechos inalienables.

Retoma la Declaración Universal de Derechos Humanos al establecer que el ideal del ser humano libre y liberado del temor y de la miseria no puede ser realizado salvo que se creen las condiciones que permitan que toda persona goce tanto de los DESC como de los derechos civiles y políticos, y alude a la obligación de los Estados de promover el respeto universal y efectivo de los derechos y libertades humanas. De hecho, el primer artículo consagra el derecho a la autodeterminación de los pueblos, el derecho de las naciones a establecer libremente y sin interferencias externas su condición política y su desarrollo económico, social y cultural, para lo que deben disponer libremente de sus riquezas y recursos naturales.

La juventud: La vanguardia

“La paz no es solamente la ausencia de la guerra; mientras haya pobreza, racismo, discriminación y exclusión difícilmente podremos alcanzar un mundo de paz”. (Rigoberta Menchú)

La libertad sindical fue proclamada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos; está consagrada en la Constitución de la OIT, la Declaración de Filadelfia y además en la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo (1998).

“El derecho de los trabajadores y empleadores a constituir libremente las organizaciones que estimen convenientes es elemento integral de una sociedad libre y abierta. La existencia de organizaciones independientes de empleadores y trabajadores contribuye a la existencia de interlocutores bien definidos para la negociación colectiva y el diálogo social. En muchos casos, las organizaciones de empleadores y de trabajadores han desempeñado un papel importante en la transformación democrática de sus países, según la OIT”.

Sin embargo, aún queda mucho camino por andar para hacer realidad el respeto de este derecho humano fundamental en todo el mundo. “En algunos países, se niega el derecho de libertad sindical a ciertas categorías de trabajadores; las organizaciones de trabajadores y de empleadores son objeto de suspensiones ilegales o sufren interferencias y, en algunos casos extremos, los sindicalistas son encarcelados o asesinados”, destaca en sus documentos oficiales.

Respecto a la lucha por el cumplimiento de los derechos laborales y sindicales en el mundo, la ISP ha desempeñado un papel fundamental en impulsar normas laborales internacionales, tal como la prohibición del trabajo infantil, el trabajo forzoso, el exceso de horas de trabajo y el establecimiento de principios básicos sobre los derechos sindicales y la libertad de asociación.

“Sin embargo, en las últimas décadas, un esfuerzo concertado de los empleadores y las fuerzas del capital ha intentado debilitar estos derechos. Las negociaciones en la OIT se han estancado sistemáticamente, los gobiernos de derecha han socavado activamente la afiliación a los sindicatos y, en muchos países, las condiciones de trabajo se han deteriorado y los salarios no se han mantenido a la altura del costo de vida. Frente a estos ataques, un movimiento sindical revitalizado es ahora más importante que nunca”, afirma Camilo Rubiano, Responsable de los derechos sindicales y de la administración nacional.

“La triste realidad es que el poder sindical está siendo atacado en todo el mundo. Las tendencias de los últimos cinco años sugieren que las restricciones al derecho de huelga ya han aumentado más allá de los límites establecidos por los mecanismos de supervisión de la OIT. Muchos países han establecido leyes que restringen, y a veces penalizan, el derecho de sindicación y huelga de lxs trabajadorxs del sector público, a menudo abusando de las disposiciones relativas a los ‘servicios esenciales’, añade.

El informe Perspectivas Sociales del Empleo en el Mundo de 2015 de la OIT informa que sólo el 14% de lxs trabajadorxs tienen acceso a un contrato permanente en los países que cuentan con ingresos medios, mientras que el 75% de lxs trabajadorxs tienen empleos temporales, informales o autónomos. La situación es aún peor en los países de bajos ingresos.

En este sentido, para la ISP, la federación sindical mundial Internacional de Servicios Públicos, la participación de lxs jóvenes en los sindicatos no es sólo una gran ventaja, es una cuestión clave, existencial. Lxs jóvenes trabajadorxs ayudan a abrir camino en la lucha contra la precariedad, los contratos de cero horas y los dobles estándares basados en la edad.

Así lo destaca Rosa Pavanelli, Secretaria General de la ISP: “Los líderes de mi sindicato confiaron en lxs jóvenes trabajadorxs del movimiento de protesta estudiantil. Ahora, debemos seguir su ejemplo audaz si queremos que los sindicatos tengan un futuro”.

Tal como afirma Jocelio Drummond, secretario regional de la ISP para las Américas y miembro de la coordinación de la REBRIP Brasil, Red Brasileña para la Integración de los Pueblos, “la juventud no es el futuro. Constituye el presente del movimiento sindical. Hoy los jóvenes constituyen la vanguardia de la acción sindical”.