El 25 de noviembre de 1960, en República Dominicana cuatro cuerpos aparecieron destrozados al interior de un jeep en el fondo de un barranco: Las hermanas Minerva, Patria y María Teresa y el conductor del vehículo, Rufino de la Cruz. Eran las hermanas Mirabal, más conocidas como Las Mariposas, valientes activistas políticas, de reconocida trayectoria de resistencia al régimen del dictador Trujillo. En su honor, en noviembre todos los años se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Pero este 2021, además, se desarrolla con un vigoroso llamado a ratificar el Convenio 190 y la Recomendación 206 de la OIT, que constituyen las primeras normas internacionales del trabajo que proporcionan un marco común para prevenir, remediar y eliminar la violencia y el acoso en el mundo del trabajo, incluidos la violencia y el acoso por razón de género.

El Convenio 190 constituye un gran logro que forma parte de las luchas de los movimientos feministas, pero también de los sindicatos que tuvieron un rol destacado, particularmente la ISP, que permitió que este se extienda explícitamente a los funcionarios públicos.
La pandemia ha demostrado cómo la violencia y el acoso  son sistémicos en el mundo del trabajo, incluyendo la violencia de género.

El Convenio 190, adoptado en la Conferencia Internacional del Trabajo celebrada en junio de 2019 en la Conferencia del Centenario de la OIT, constituye un instrumento histórico.

Incluye, por primera vez en el derecho internacional, el reconocimiento específico del derecho de toda persona a un mundo del trabajo libre de violencia y acoso, y establece la obligación de respetar, promover y asegurar el disfrute de este derecho.

Para la Internacional de Servicios Públicos (ISP), el éxito de esta iniciativa en la lucha para eliminar la violencia de género en el trabajo se debe a años de arduo trabajo de las mujeres sindicalistas, que comenzó en 2015 y que ahora se ve recompensado por este nuevo instrumento internacional que aborda la violencia y el acoso de una manera integral que incluye a todas las personas del mundo del trabajo.

La secretaria subregional de la ISP para los países del Cono Sur, y Coordinadora del Proyecto Fórsa “Organización social del cuidado y la lucha contra la violencia de género en el mundo del trabajo de los servicios públicos en América Latina”, Nayareth Quevedo en ese sentido destaca que “el Convenio 190 y la Recomendación 206 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre la violencia y el acoso en el mundo del trabajo constituye una conquista del movimiento laboral y sindical”.

“El proceso se inicia desde el movimiento sindical internacional y eleva la problemática de la violencia en el ámbito laboral. Ese fue el núcleo central que generó la necesidad de contar con un nuevo instrumento internacional para el mundo del trabajo”, añade.

Este proceso, lleva muchos años, pero sólo el 2015 el Consejo de Administración de la OIT situó en la agenda internacional la discusión de la adopción de un nuevo convenio que no sólo se refiere a la violencia entre hombres y mujeres en el lugar del trabajo, sino que constituye un poderoso instrumento que aborda la violencia y el acoso de manera global en el mundo laboral, quitándole el carácter binario. Esto abre dos espacios fundamentales. En primer lugar une la violencia y el acoso en un solo concepto; y, en segundo término, reconoce el lugar del trabajo al mundo del trabajo, dos elementos fundamentales que le otorgan a este convenio un rasgo progresista inédito.

“Este constituye un gran logro que forma parte de las luchas de las mujeres, de los movimientos feministas, pero también de los sindicatos que tuvieron un rol destacado en el proceso de dar a luz el convenio, particularmente la ISP, que permitió que el convenio 190 se extienda explícitamente a los funcionarios públicos”, destaca María Fernanda Villegas, la docente del ciclo de encuentro subregionales denominado C190: Herramientas sindicales para erradicar la violencia y el acoso en el mundo del trabajo, que está impulsando la ISP en la región.

“Esperamos que este ciclo permita que múltiples voces sean capaces de replicar al interior de los sindicatos el Convenio 190 y sus efectos en el mundo del trabajo. Esta es una buena nueva por lo que representa este logro para el mundo del trabajo. El Convenio 190 constituye un testigo efectivo de lo que representa la organización de los trabajadores y trabajadoras cuando luchan por lo que creen con eficacia”, añade Villegas, que se desempeña en la actualidad como Directora del Centro de Estudios del Trabajo en Chile (CETRA).

Definición de violencia y acoso

El Convenio 190 establece la primera definición internacional de violencia y acoso en el mundo del trabajo, estableciéndolo como: “un conjunto de comportamientos y prácticas inaceptables, o de amenazas de tales comportamientos y prácticas, ya sea que se manifiesten una sola vez o de manera repetida, que tengan por objeto, que causen o sean susceptibles de causar, un daño físico, psicológico, sexual o económico, e incluye la violencia y el acoso por razón de género”.

Así mismo, entiende como violencia y acoso por razón de género como: “la violencia y el acoso que van dirigidos contra las personas por razón de su sexo o género, o que afectan de manera desproporcionada a personas de un sexo o género determinado, e incluye el acoso sexual”.

En cuanto a su alcance, el Convenio 190 se basa en la idea de que nadie debería ser objeto de violencia y acoso en el mundo del trabajo. En ese sentido, el texto brinda protección a los trabajadores y trabajadoras: asalariados, las personas que trabajan, cualquiera que sea su situación contractual, las personas en formación, incluidos los pasantes y aprendices, los trabajadores despedidos, los voluntarios, las personas en busca de empleo y los postulantes a un empleo y los individuos que ejercen las funciones de un empleador.

El Convenio tiene un ámbito de aplicación amplio: abarca a todos los sectores, público o privado, de la economía tanto formal como informal, en zonas urbanas o rurales. Asimismo, los miembros deberán tener en cuenta la violencia y el acoso que impliquen a terceros (como víctimas y como autores) al prevenir y abordar la violencia y el acoso en el mundo del trabajo, lo que es particularmente relevante para los servicios públicos.

Uno de los aspectos más relevantes del Convenio 190 es que reconoce la violencia en el espacio doméstico como violencia laboral. El convenio edifica el concepto de “mundo del trabajo”. Anteriormente se hablaba de “lugar de trabajo”. “Este concepto de ‘mundo del trabajo’ constituye una ruptura fundamental porque abre el espectro. El mundo del trabajo ya no es la oficina, como antes. El mundo del trabajo es el bus, el mundo del trabajo es la plaza, el mundo del trabajo es el teléfono, es el hogar, etc.”, recalca la socióloga Verónica Montúfar, Responsable de igualdad y Coordinadora de proyectos de la ISP.

Así mismo, el Convenio 190 es aplicable en los lugares donde se paga al trabajador y trabajadoras; donde estos toman su descanso o se alimentan; en las instalaciones sanitarias o de aseo y vestuarios; en los desplazamientos, viajes, eventos o actividades sociales o de formación relacionados con el trabajo, así como en los trayectos entre el domicilio y el lugar de trabajo. Así mismo, en el marco de las comunicaciones relacionadas con el trabajo, incluidas las realizadas por medio de tecnologías de la información y de la comunicación.

El Convenio también aborda las responsabilidades de los empleadores en lo que respecta a la prevención de la violencia y el acoso y a la protección frente a los mismos. En ese sentido, los miembros deben adoptar una legislación que exija a los empleadores a tomar medidas apropiadas para prevenir la violencia y el acoso en el mundo del trabajo. Además, esto debe incluir una política en consulta con los trabajadores y sus sindicatos.

Por un mundo del trabajo libre de violencia y acoso

El Convenio 190 entró en vigencia el 21 de junio del 2121, dos años después que el 2019 viera la luz en Ginebra, en la celebración de los 100 años de la OIT.

“Estamos en un momento crucial en el desarrollo de la historia del trabajo, pero también de la humanidad, que está puesta en jaque por el Covid. Ya se venía produciendo antes del Covid una evidencia de las brechas y desigualdades sociales, económicas, políticas de las mujeres y de los hombres en el mundo, que obedecían a un modelo patriarcal, como construcción social, pero también a un modelo capitalista de acumulación, a nivel global”, afirma la experta en Gerencia Pública con enfoque de género, María Fernanda Villegas.

En tiempos de crisis la violencia recruce, implosionando de manera brutal tanto al interior de los espacios privados, como en los espacios públicos. “En ese sentido, el tema de la violencia fue, es y será una problemática de primer orden. El derecho de vivir en un ambiente libre de violencia se convierte en un elemento central del trabajo decente”, agrega.

“Si me matan, sacaré los brazos de la tumba y seré más fuerte”

“Si me matan, sacaré los brazos de la tumba y seré más fuerte”, dijo Minerva Mirabal, poco tiempo antes de ser salvajemente asesinada, junto a sus hermanas, cuando volvían de visitar a sus esposos encarcelados.

Hoy, más de medio siglo después, Las Mariposas son inspiración para miles de mujeres y hombres que luchan para erradicar la violencia contra las mujeres, a través de la ratificación e implementación en los estados del Convenio 190 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre la violencia y el acoso en el mundo del trabajo.

La pandemia ha demostrado cómo la violencia y el acoso son sistémicos en el mundo del trabajo, incluyendo la violencia de género. Es por eso que los sindicatos de todo el mundo están exigiendo la ratificación de normas internacionales vinculantes para poner fin a la violencia y el acoso en el mundo laboral, incluida la violencia y el acoso por motivos de género.

Hay 14 países que están avanzando en el proceso de análisis y, de estos, 9 ya lo han ratificado. Cabe destacar que, de estos, hay dos países del Cono Sur que ya lo han hecho: Uruguay y Argentina. Y, a pesar de que algunos países se han comprometido públicamente a ratificarlo en los Foros de Generación Igualdad celebrados en México y París y otros países, aún no es suficiente.

En este contexto, la ISP hace un profundo llamando a los Estados miembros de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para que ratifiquen urgentemente y pongan en vigor esta nueva legislación mundial para poner fin a la violencia y el acoso en el trabajo.

“La crisis humanitaria ocasionada por la Pandemia COVID-19, ha expuesto el aumento sin precedentes de la violencia de género, que ha impactado directamente en el mundo del trabajo de las mujeres, ya sea con la sobreexposición a violencia doméstica, cuyo ámbito privado quedó confundido con el lugar de trabajo por el confinamiento y el teletrabajo que se ha extendido y quedado instalado; así como, a la sobrecarga de trabajo no remunerado de cuidado, que tensiona aún más las relaciones desiguales de género que afectan a las trabajadoras del mundo”, destaca Rosa Pavanelli, Secretaria General de la ISP. Por ello, se torna fundamental ratificar e implementar el C190 por parte de los Estados miembros de la OIT.