Para muchos trabajadores y trabajadoras, el empleo precario se ha convertido en una realidad despiadada que, en muchas ocasiones, ha venido de la mano de la discriminación de las mujeres, lxs jóvenes, lxs trabajadores y trabajadoras de la comunidad LGBTIQ+ y de las personas migrantes. Cada 7 de octubre los sindicatos del mundo se unen en torno a la búsqueda de vidas dignas para lxs trabajadores y trabajadoras del mundo, bajo las banderas del trabajo decente.

La Internacional de Servicios Públicos (ISP), federación sindical mundial que reúne a más de 20 millones de trabajadores y trabajadoras, de 163 países, se ha abocado a promover los servicios públicos de calidad en el mundo, sensibilizando a la sociedad civil y al mundo político acerca de la importancia del trabajo decente y digno, un empleo en condiciones de libertad, igualdad, seguridad y dignidad humana.

El trabajo como contribución a la paz

“En el mundo de hoy en día, defender la dignidad del trabajo es una batalla constante. El pensamiento económico predominante considera el trabajo un costo de producción, que en la economía mundial debe ser lo más bajo posible para resultar competitivo. Considera a los trabajadores consumidores, que, debido a sus salarios relativamente bajos, necesitan acceder fácilmente al crédito para estimular el consumo y terminan teniendo deudas increíbles”, explicó en su tesis Juan Somavia el primer Director general de la OIT proveniente del hemisferio sur, que en 1999 acuñó el término «Trabajo decente» en su Memoria.

 

“En ningún lado se ve la importancia social del trabajo como base de la dignidad personal, como fuente de estabilidad y desarrollo de las familias o como contribución a la paz de las comunidades. Este es el significado de ‘trabajo decente’, afirmó Somavía en su estudio.

«Queremos un mundo justo, sin una esclavitud moderna y sin una discriminación generalizada». (ISP)

¿Qué es el trabajo decente?

Se entiende por trabajo decente, el que ofrece oportunidades para que lxs hombres y mujeres puedan desempeñar un trabajo productivo en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad humana, en el que los derechos son protegidos y que, además, cuenta con una remuneración adecuada y protección social, señala la OIT.

El trabajo decente, explica Virgilio Levaggi, ex Director Regional Adjunto de la Oficina Regional de la OIT para América Latina y el Caribe “es un concepto que busca expresar lo que debería ser, en el mundo globalizado, un buen trabajo o un empleo digno.

El trabajo que dignifica y permite el desarrollo de las propias capacidades no es cualquier trabajo.

«No es decente el trabajo que se realiza sin respeto a los principios y derechos laborales fundamentales, ni el que no permite un ingreso justo y proporcional al esfuerzo realizado, sin discriminación de género o de cualquier otro tipo, ni el que se lleva a cabo sin protección social, ni aquel que excluye el diálogo social y el tripartismo”, añade.

El trabajo decente, de acuerdo con el concepto desarrollado por Somavía, es “un esfuerzo por recordar que estamos hablando de políticas que se ocupan de la vida de seres humanos y no sólo de cuestiones de costos y beneficios”.

En ese sentido, la Internacional de Servicios Públicos (ISP) aspira a la construcción de un trabajo decente para lxs jóvenes trabajadores y verdaderos empleos, no mini-empleos o contratos a tiempo parcial mal pagados. «Queremos un mundo justo, sin una esclavitud moderna y sin una discriminación generalizada», sostiene.

«Los servicios públicos de calidad solamente pueden ser ofrecidos por trabajadores cuyos derechos sean plenamente respetados. Con este fin, la Internacional de Servicios Públicos defiende y promueve los derechos fundamentales y unas condiciones de trabajo para todos los trabajadores en todo el mundo independientemente de su condición», declara.

Cuatro objetivos fundamentales

En el concepto de trabajo decente convergen cuatro objetivos estratégicos: los derechos en el trabajo, las oportunidades de empleo, la protección social y el diálogo social. Cada uno de ellos cumple, además, una función en el logro de metas más amplias como la inclusión social, la erradicación de la pobreza, el fortalecimiento de la democracia, el desarrollo integral y la realización personal.

“No se trata simplemente de crear puestos de trabajo, sino que han de ser de una calidad aceptable”, destaca Somavía. “Es indispensable crear sistemas económicos y sociales que garanticen el empleo y la seguridad, a la vez que sean capaces de adaptarse a unas circunstancias en rápida evolución, en un mercado mundial muy competitivo”, añade.

Años después, el concepto de Trabajo decente fue reconocido por las Naciones Unidas. «Estamos convencidos de la urgente necesidad de crear un entorno a escala nacional e internacional que propicie el logro del empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos como base del desarrollo sostenible (…). Es fundamental que hombres y mujeres tengan oportunidad de conseguir un empleo productivo en condiciones de libertad, igualdad, seguridad y dignidad humana para lograr la erradicación del hambre y la pobreza, el mejoramiento del bienestar económico y social de todos, el crecimiento económico sostenido y el desarrollo sostenible de todas las naciones, así como una globalización plenamente incluyente y equitativa», declararon los ministros, en representación de todos los países del mundo que formaron parte del Consejo Económico y Social de Naciones Unidas.

Dar un rostro humano al desarrollo mundial

El trabajo ha sido, es y será componente sustancial del contrato social que sustenta la gobernanza de las sociedades afirma Levaggi. Por ello, “los cimientos de la paz mundial se refuerzan al crearse más oportunidades de trabajo decente”.

En ese sentido, civilizar la globalización es dar un rostro humano al desarrollo mundial, a través de la reafirmación de los valores esenciales y universales que sintetizan aspiraciones comunes a toda la humanidad, explica.

Para la Internacional de Servicios Públicos (ISP), es clave contar con políticas económicas, monetarias y fiscales que contribuyan al crecimiento y a la creación de empleo. “En vez de desmantelar los mecanismos de protección social y destruir el empleo. Necesitamos el trabajo decente y unos servicios públicos de calidad para apoyar a nuestras comunidades, para proporcionar una educación y unos servicios de salud a los jóvenes y a los ancianos. Las tasas de sustitución de los trabajadores de la administración pública que prestan servicios esenciales y se jubilan son tan bajas en algunos países que podrían conducir a un incumplimiento social”, destaca.

“Trabajo digno para todos puede ser una realidad en el siglo 21, pero tenemos que luchar por un cambio de política que esté orientado a las personas y basado en los derechos humanos. Ahora más que nunca la unidad sindical y la solidaridad son los elementos clave para el éxito de nuestras acciones, los trabajadores juntos pueden hacer la diferencia”, afirma.