Sociólogo, dirigente de la poderosa Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEF), ex coordinador del Comité subregional de jóvenes de la ISP de México, América Central y República Dominicana, Deiby Porras se ha abocado a impulsar vigorosamente la agenda de los derechos humanos, representando a los trabajadores y trabajadoras LGBTIQ+, como Coordinador del Comité LGBTIQ+ de la Internacional de Servicios Públicos (PSI). Con él conversamos sobre Trabajo decente.

“Yo sueño con un movimiento sindical que sea verdaderamente un actor sociopolítico. A veces, cuando hablamos de la política nos limitamos sólo a lo partidario y las organizaciones sindicales son actores políticos, somos sujetos políticos. Entonces, en esa construcción de sujetos políticos, tenemos que entender que podemos generar no solamente políticas desde los instrumentos que la OIT, o la Corte interamericana o internacional de derechos humanos nos dan para promover condiciones laborales justas, sino también debemos preguntarnos cómo incidir, desde la política nacional, en la generación de procesos de transformación, desde la raíz. El movimiento sindical tiene que construir propuestas; tener visión de país y de mundo. Tiene que tener políticas de inclusión”, señala.

¿Qué es para ti el trabajo decente, desde la perspectiva de la comunidad LGBTIQ+?

 

Desde la perspectiva de las personas, el trabajo decente tiene que ver con oportunidades reales de acceder a los derechos que todos y todas tienen. En el tema de los trabajadores y trabajadoras LGBTIQ+, Especialmente respecto a las Trabajadoras trans, hay mucha Limitación para acceder al Empleo. Entonces, cuando Hablamos de empleo decente, nos Referimos a contar con el derecho Real de tener acceso al trabajo. Pero no sólo eso. Es importante, Además, que se respeten los Derechos mínimos en una Relación laboral para que Efectivamente haya trabajo Decente.

¿Cuál es la evaluación que realizas del actual grado de violencia de género y discriminación hacia la comunidad LGBTIQ+ que se da en el mundo del trabajo en Interamérica y el Caribe?

América Latina y el Caribe es una de las regiones en el mundo en donde hay mayores índices de violencia en términos de falta de acceso a oportunidades reales para los trabajadoras y trabajadores LGBTIQ+, donde el derecho al trabajo decente, como tal es un principio negado. Especialmente, para las personas trans, donde el respeto a su identidad de género está muy violentado. Es muy fuerte. La violencia principal es la negación al derecho al trabajo, sin respetar tu identidad de género, sin respetar quién eres tú en el mundo.

Lo segundo, en el mundo del trabajo, quienes logran insertarse, sufren muchísimos niveles de discriminación, a partir del bulling, de comentarios homofóbicos y despectivos, muchos enfocados a una mala concepción de las feminidades y las masculinidades.

Yo creo que esto se da, principalmente, por un tema de ignorancia. Hoy tenemos países en el Caribe en donde el tema de la orientación sexual de las personas LGBTIQ+ es censurado. Tenemos países como Colombia, Brasil y México en donde los índices de criminalización de la población trans son muy altos, porque muchas veces las personas trans tienen que acudir al mercado laboral sexual como mecanismo de sobrevivencia. Hay un nivel de exposición, sin acceso a derechos, sin acceso a condiciones, sin acceso a salud ni a seguridad social. Hay una violación muy fuerte de los derechos laborales.

Y por otro lado, encuentras gente que sí está inserta, tanto en el sector público, como privado, en el mundo del trabajo, donde algunas instituciones públicas y privadas han entendido la importancia de sensibilizar sobre estos temas.

Tenemos casos como en Argentina, Uruguay, Chile, Brasil, Centroamérica y Costa Rica, que han apuntado a generar algunos avances en esa dirección.

¿Por qué nos cuesta aceptar al otro/otra, desde su propia identidad?

El principal tema es cultural. Hay un proceso de culturización que ha estado heteronormado y en ese proceso de heteronormatividad hay influencias, inclusive de dogmatismos religiosos que, en muchos casos, ha marcado líneas de pensamiento definiendo lo que es correcto de lo que no.

Si todos los seres humanos aprendiéramos a vernos como lo que somos: como seres humanos, todo sería muy distinto.

Por eso que, cuando hablamos de derechos humanos, hablamos de que son intrínsecos, en condiciones de igualdad. Todos podemos sentir, podemos reírnos, manejamos las mismas emociones, pero no todo tiene que ser uniforme. Es decir, los seres humanos somos iguales, hablando de una perspectiva independiente de las orientaciones sexuales. Las orientaciones sexuales es uno de los elementos de la vida de cada ser humano. Pero, cuando yo parto de que mis elementos deben ser una norma que estandarice la misma forma de pensamiento, la misma forma de ser de todos los seres humanos, ahí empiezas a discriminar. Las diferencias son una oportunidad.

El concepto de minoría y la discriminación dentro de los servicios púbicos

“A mí no me gusta utilizar el concepto de “minorías”. Lo odio. Porque el concepto de minoría me encierra en una condición en donde estoy por debajo de otros.

«Yo tengo que hacer evidente de que soy un ser humano igual a todo el mundo, pero que sufro discriminación. Y que, en el mundo de la discriminación, me niegan los derechos, pero no por eso tengo que ser considerado como una persona ‘minoría’”, añade.

Y, desde mi perspectiva, el hecho de que yo tenga una orientación sexual que es diferente de otras manifestaciones en el mundo de las diversidades, no me hace ni menos ni más que nadie”, destaca Deiby.

¿De qué manera aún las personas LGBTIQ+, no cuentan con acceso a empleos decentes, a la seguridad social, a la constitución de familias, a la libertad y expresión, especialmente en los servicios públicos?

Hoy hay muchísimos trabajadores y trabajadoras LGBTIQ+ en los servicios públicos de salud. Y en tiempos de pandemia están en primera línea, atendiendo a todo mundo, en las mismas condiciones de igualdad, sin diferencias, entendiendo ese humanismo de que la vida es vida, independientemente de que hayamos sufrido discriminación de esas mismas personas.

Entonces, al final, encuentras trabajadores y trabajadoras en diferentes ámbitos de los servicios públicos. En algunos casos están invisibilizados, en otros, por la cultura de sus países, viven su orientación reprimida.

Hay muchos casos de trabajadores y trabajadoras de los servicios públicos que han sufrido discriminación entre pares, entre sus mismos compañeros y compañeras de trabajo porque no reconocen ni aceptan su expresión y su identidad de género.

En algunos otros casos existe discriminación entre jerarquías, que es cuando el patrón impone normas que agreden directamente, y eso se da en los servicios públicos y justamente se debe a que en los países no hay normas que lo cuestionen. Por eso que el Convenio 190 de la OIT, cuando habla de la eliminación de las diferentes formas de violencia en el mundo del trabajo tiene que ver con todo.

En el mundo sindical también existe discriminación. No solamente existe la negación desde las políticas de estado, en término de acceso al empleo, sino también, a veces, hay temor de hablar de la lucha contra la discriminación al interior de los sindicatos.

Hay muchos casos de trabajadores y trabajadoras de los servicios públicos que han sufrido discriminación entre pares.

¿Por qué el hostigamiento a las personas LGBTIQ+ en el mundo del trabajo es un asunto de todas, todos y todes y no sólo de una comunidad en particular?

Porque la violencia es violencia, independientemente de nuestro color de piel, de nuestro pensamiento y de nuestras orientaciones sexuales. Creo que lo más importante es entender que todos sentimos, amamos, lloramos… y ¿por qué promover espacios que segmenten, que marquen el odio, la violencia en contra de nosotros mismos?

En el fondo, es como que a ti te guste comer carne y a mí no. Creo que el tema más importante es entender al otro desde lo que es y no desde lo que me han dicho que debe ser. Aún tenemos un movimiento sindical en América Latina misógino, machista, en donde ha costado hablar de esto. Hoy día en mi país (Costa Rica), mi organización sindical, de la cual me siento muy orgulloso, ha levantado la bandera del sindicalismo como un instrumento de la defensa de los derechos humanos.

Si yo entiendo que los derechos humanos son intrínsecos y todos son importantes para todos y todas, entonces el sindicalismo va a levantar la lucha de manera integral. Entonces hablaremos de un modelo de transformación sindical que entienda que su lucha no solamente es gremial en pos de reivindicaciones laborales, sino también social, que busque erradicar la discriminación.

Aún tenemos un movimiento sindical en América Latina misógino, machista.

¿Cómo defines la cultura de la inclusión? ¿Cuáles son los elementos claves para implementar la cultura de la inclusión en el trabajo?

La cultura de la inclusión pasa por impulsar procesos de formación y sensibilización. Es necesario hablar de inclusión. Lo segundo, es importante generar un marco de respeto. A mí no me gusta hablar de “tolerancia” porque la tolerancia siempre está condicionada. El respeto es real. Y el respeto parte por entender que todos somos distintos, más no diferentes. El tercer elemento es la igualdad en derechos. Si queremos hablar de inclusión, no hablemos de brechas salariales por género, no hablemos de discriminaciones en el acceso al mundo del trabajo, no hablemos de limitaciones en la expresión de identidad y orientación sexual. Hay que hablar del uso de los instrumentos jurídicos que nos ofrece cada uno de los países para hacer esas transformaciones culturales. Hay que apropiarse de las estructuras políticas para generar cambios, y el sindicalismo, como un actor sociopolítico, tiene la obligación de generar esos procesos de transformación. Creo que la verdadera inclusión está en el amor. No sólo en el amor hacia el otro, sino el amor propio. Porque yo no me veo discriminando, no me veo agrediendo, no me veo violentando, porque simplemente no está en mi vida.

Porque, aunque el otro u otra sea diferente de mí, no tengo porqué relacionarme desde el poder o la superioridad. Estamos en el mismo espacio. Y el amor tiene que ser una premisa para entender esas sensibilidades de todos los seres humanos.

¿Qué rol te gustaría que jugara el movimiento sindical?

Creo que el sindicalismo tiene que hacer un viraje en su agenda socio política. Tiene que hablar de participación real. Creo que hay un gran debate que no se quiere dar en el movimiento sindical, que es el tema del poder. Cómo se construye el poder desde las personas y para qué construimos ese poder.

¿Con qué sindicalismo sueñas?

El movimiento sindical con que sueño no es solamente un movimiento que levante la bandera por las luchas salariales. No. Eso no creo que sea lo más importante. Hoy día lo más importantes es cómo el movimiento sindical lucha contra las desigualdades.

Carlos Marx hablaba de la lucha del proletariado y el capital por la explotación y las clases sociales. Hoy creo que el nuevo fenómeno de la lucha social es contra la desigualdad, porque la desigualdad crece en todas las manifestaciones: por género, por orientación sexual, por muchas cosas.

Entonces, ya no solamente es fundamental hablar de reivindicaciones laborales, sino de reivindicaciones sociopolíticas que efectivamente generen procesos de transformación real.